Ubicado en el distrito de Chamartín, en Madrid, este apartamento de 38 m² ocupa el espacio de una antigua oficina, originalmente anodina y con escasa calidad espacial, además de una entrada de luz natural muy limitada. La intervención transforma este punto de partida en un interior doméstico sereno, donde arquitectura, materiales y luz construyen una atmósfera tranquila dentro de una superficie compacta.
Al tratarse de una vivienda en planta baja, el apartamento recibía muy poca luz natural. La ventana existente, fragmentada en múltiples divisiones horizontales y verticales, limitaba tanto la entrada de luz como la relación visual con el exterior. Se sustituyó por una única ventana pivotante de madera a toda altura, sin particiones, que maximiza la luz natural y refuerza la continuidad material con el interior.
La organización del espacio responde directamente a esta condición. La zona de trabajo se sitúa junto a la ventana para aprovechar la luz disponible, mientras que el área de descanso se desplaza hacia la entrada.
Detalle del mueble separador de roble que organiza el espacio sin cerrarlo, combinando almacenaje inferior y estanterías ligeras. La pieza actúa como filtro entre la zona de descanso elevada y el resto de la vivienda, reforzando la continuidad material y la calidez del interior
Rocío y Jorge, propietarios.
El encargo planteaba crear una atmósfera serena, incorporar el máximo almacenamiento dentro de una superficie reducida y trabajar la iluminación como un elemento central del proyecto.
Una plataforma elevada integra la cama y define un ámbito más íntimo, complementado por un sistema de cortinas que permite ajustar el grado de privacidad según el momento. Bajo la plataforma, dos grandes cajones ocultos aportan una importante capacidad de almacenamiento, optimizando al máximo el espacio disponible. Esta disposición libera el área junto a la ventana para los usos más activos —estar, cocinar y trabajar—, generando un ambiente más abierto y flexible.
La intervención reduce al mínimo los espacios cerrados, dejando el baño como el único recinto completamente independiente. El resto de la vivienda se plantea como una secuencia continua en la que cada elemento asume varias funciones sin interrumpir la fluidez espacial.
Más allá de la organización, el proyecto pone especial atención en la atmósfera. Materiales naturales como la arcilla, la madera, la piedra, el sisal y el papel washi establecen una relación directa con lo natural y refuerzan un ambiente doméstico calmado y táctil. Los acabados de arcilla y cal en paredes y techos generan superficies continuas, ligeramente texturizadas, que interactúan suavemente con la luz a lo largo del día.
Dos armarios a medida, situados en la entrada y en la zona de descanso, resuelven el almacenamiento dentro del espacio compacto. Sus frentes correderos reinterpretan los paneles japoneses shōji mediante una ligera estructura de roble y papel de arroz, realizados artesanalmente para el proyecto. La iluminación integrada en su interior se filtra a través del papel, convirtiéndolos en elementos suavemente luminosos dentro del espacio.
La zona de descanso se sitúa sobre la plataforma, acompañada por paneles correderos translúcidos que filtran la luz y aportan una iluminación ambiental suave. La combinación de madera, textiles y luz indirecta refuerza la atmósfera serena del interior
Detalle del área de trabajo junto a la ventana, diseñada para aprovechar al máximo la entrada de luz natural. El escritorio integrado y los acabados en madera mantienen la continuidad material, mientras que los elementos a medida optimizan el uso dentro de la superficie compacta
La iluminación se concibe como una herramienta fundamental para construir la atmósfera. A través de un equilibrio entre luz natural y artificial, el interior se adapta a distintas situaciones, pasando a lo largo del día de ambientes más abiertos a otros más íntimos.
En el baño, un panel en el techo recrea el efecto de un lucernario mediante un sistema que simula ciclos circadianos de luz. Esto permite ajustar tanto la intensidad como la temperatura de color, contribuyendo a un ambiente más confortable e inmersivo.
El resultado es un interior compacto, flexible y continuo donde arquitectura, luz y materialidad transforman una antigua oficina anónima en una vivienda serena y adaptable.





























